lunes, 16 de mayo de 2011

Besos

Mis besos llovieron sobre tu boca oceànica
primero uno a uno como una hilera de gruesas gotas
anchas gotas dulces cuando empieza la lluvia
que revientan como claveles de sombra.

Besos sordos entrando hasta tu fondo
perdièndose como una làgrima en el mar,
en tu boca oceànica de oleaje caliente
besos blandos, anchos como el peso de la muerte
besos oscuros como tùneles de donde no se sale vivo
deslumbrantes como el estallido de la fè
sentidos como algo que te arrancan,
que son penetrantes como una noche glacial.

Eres una estatua de arcilla adànica,
con tu piel que cede bajo mis dedos,
y tus ojos en cuyo fondo vives tù
como el fondo del bosque màs claro del mundo.
Tus ojos llenos de aire de las montañas
y que despiden un resplandor àspero y dulce
tus ojos que tù no conoces, y que miran con un golpe aturdidor,
cuando me inmutan y obligan a callar.

Besè tu garganta donde puede morderse la amargura,
tu garganta donde la vida se anuda como un fruto que se puede morder
y donde el sol en estado lìquido circula por tu voz y tus venas
como aguamiel ingràvido y cargado de electricidad.

Y toquè tus brazos firmes como un rìo caudal,
rotundos como el momento de la inspiraciòn
y cobijè tus manos incitadoras como la fiebre,
tambièn blandas como el regazo de la madre del asesino,
tus manos como globos de ternura
que apaciguan como saber que la bondad existe.

Me besaste y te mirè
y fuiste como un farol de papel
que flota locamente en la noche.

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