lunes, 16 de agosto de 2010

Te quiero...

Sentarse ante una mesa,
coger papel y pluma,
encender un cigarrillo,
elegir al azar una canción del repertorio,
acariciar con indolencia el lomo,
recostar cuidadosamente la mejilla en el dorso de la mano,
el codo en el tablero en actitud pensante,
¿para que tratar de escribir lo que siento?

Si se me nota cuando hablo,
cuando camino, cuando saludo,
cuando miro, cuando escribo,
y es que te quiero, te quiero, te quiero,
y me llena de alegría que estés conmigo,
y no encuentro las palabras para describirlo.

Y es en este momento de la madrugada,
cuando ya se ha bebido todo el café del mundo,
y no queda en el alma más que el terco
deseo, de verte, abrazarte y besarte,
que recuerdo que te quiero, te quiero, te quiero…

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