Luego los pajaritos, esas pequeñas criaturas del Señor, que en lugar de despertarme con su dulce canto, como en los cuentos infantiles, me levantan con sus peleas grupales por la mejor rama para posarse y cantar y cantar y cantar...
Mi vendita y querida madre, que tiene la costumbre de poner discos de rock and roll de los 60`s, que también me gustan, pero no a las 6 de la mañana, imagina que tienes un hermoso sueño con aquella chica que conociste ayer y de repente entre sueños escuchas la voz de Enrique Guzmán a todo pulmón cantando “Tu cabeza en mi hombro”, la neta es que si te saca de onda.
O esos “raros” días, en que llega mi hermana antes de las 7:30 a.m. con mis sobrinos gritando y saltando, como cualquier niño de 2 y 6 años, llegan a mi cuarto despertándome diciendo “tío, tío, levántate para que nos lleves a la escuela, que a mi mama ya no le da tiempo de llevarnos”, a regañadientes me levanto, pero solo porque son ellos, a otros por menos de eso los saco a patadas.
Y mi amigo, que se le ocurre llamar a las 3 o 4 de la mañana, preguntando, ¿que haces? Y yo con ganas de aventar el teléfono a la pared, le contesto, “nada, aquí en vela esperando a que me hablaras”, seguido de múltiples injurias contra su persona por haberme despertado, tanto para que me conteste, “yo tampoco puedo dormir, te hablo mañana”, pero de igual manera ya no puedo dormir otra vez.
En las mañanas, nuestro astro rey, que entra por mi ventana bañándome con sus rayos de luz justo en mi rostro haciendo que despierte de mi apacible sueño, maldiciendo el reloj y venciendo las mañanas nubladas lluviosas, y añorando esos dias en que vivia solo a unos 1300 km. de distancia.
Escribió: Marco Antonio

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